viernes, 25 de noviembre de 2022

 

Para leer más...

La Historia estudia los hechos del hombre en el pasado y en sociedad, sobre el espacio (explicando causas, desarrollo y consecuencias), por lo que entra en el grupo de las Ciencias Humanas o Sociales.
Originalmente, el término (historiare) se aplicaba a la mera narración de hechos, pero hoy el concepto



histórico alude a una ciencia con su propio método (hipotético e inductivo-deductivo). Dicho método
histórico consta de varios pasos:
1) Recoger información de fuentes que se pueden dividir en primarias o secundarias /
arqueológicas, escritas, orales, gráficas e iconográficas.
2) Seleccionarla según su autenticidad y veracidad y según su interés e importancia.
3) Ordenarla en el tiempo (cronología) y el espacio (geografía).
4) Explicar los rasgos esenciales de una cultura (marco espacio-temporal, organización política,
estructura social, actividades económicas y manifestaciones culturales (= “reconstrucción”).
En este proceso de estudio, la Historia se ayuda de otras ciencias, tanto auxiliares (que aportan
herramientas que ayudan en los pasos iniciales, como Paleografía, Heráldica, Numismática...) como
colaboradoras (independientes, que ayudan a ordenar y explicar, como Economía, Derecho,
Sociología...).
La función de la Historia es analizar el pasado para comprender el presente y “proyectar” el futuro,
y para lograrlo, han de tenerse en cuenta los problemas más habituales del trabajo histórico:
• Caer en apriorismos, moralizaciones e instrumentalizaciones (al coincidir el sujeto y el objeto
de estudio, como en toda ciencia humana, es difícil a veces ser objetivo).
• Pretender usar la Historia para predecir (puede ayudar a entender el presente comprendiendo
las “leyes” y la evolución del pasado, no más).
• Caer en una Historia demasiado local, periodizada, especializada y cerrada (cuando debería ser
global, universal, continua y abierta a todos).